martes, 28 de enero de 2014

Emery, “el estrambótico”



estrambótico, ca.

1. adj. coloq. Extravagante, extraño, irregular y sin orden.



Por una vez, seamos serios: personalmente, cada vez entiendo menos los planteamientos, tanto motivacionales, como tácticos, del actual señor entrenador, Unai Emery.


No los entiendo.

Y no es ya una mera cuestión resultadista, porque es evidente, que el Sevilla ha entrado en barrena: sumar de uno en uno es como clavar una chincheta en la posición en la que nos encontramos hoy.

Pero, rebobinemos, a hace, tan solo, dos telediarios…

Partido en tierras valencianas, Elche:

 
Un paupérrimo punto a la hucha, cuando en realidad, se tenía que haber ganado los tres puntos, aunque también es cierto que se podía haber perdido.

Una vez más, el típico "partido tonto" al que nos tiene acostumbrados, últimamente, y más de la cuenta, nuestro Sevilla F.C.

Y es que a este Sevilla, para lo bueno y para lo malo, ya se le ve venir desde lejos, pero en fin…

Partido en tierras patéticas:

 
En territorio comanche y nido de coleccionistas de cabelleras, contando siempre (o casi siempre), por supuesto, con la connivencia del justiciero de turno, nuestro Sevilla saca un valiosísimo punto que a todos nos supo a gloria.

Buen partido y muy buena imagen en general, tanto a nivel colectivo, como individual.

Los sevillistas entendíamos, en ese momento, que este partido podría servirnos para medir las posibilidades reales de esta joven y prometedora plantilla.

La otra conclusión que pude sacar de ese partido fue la de apreciar la circense actuación del deplorable Costa.

¡Valiente elemento mundialista! ¡VERGONZOSO!

 
 
En casa, el Levante de Don Joaquín Caparrós:

 
Antes del partido, todos pensábamos lo mismo…

"No podemos fallar ahora."

"El Levante, la víctima perfecta para hacer bueno los resultados anteriores y conseguir, por fin, situarnos, codo con codo, entre los que van a pelearse por los puestos europeos."


 
Es la diferencia marcada entre el ser y no ser que rige en la tabla clasificatoria.


Una diferencia, de puntos, que según van pasando las jornadas, va a ir en crescendo, y que deja entrever, muy a las claras, que hay dos (o tres) ligas:

-La liga de las estrellas inalcanzables, aunque más que estrellas, son agujeros negros que todo se lo tragan.

-La liga de los escapados, los tres o cuatro equipos de turno que se van a disputar, a codazos y bofetadas, los premios europeos.

-La liga de las migajas, un grueso conformado por un buen puñado de equipos (por no decir la gran mayoría), en la que todos andan muy parejos y sumidos en la más eterna de las mediocridades, la misma que supone el hecho de estar inmersos en una competición injusta y totalmente adulterada, en todos los sentidos.

Una liga doméstica, la nuestra, la de ellos, la de las estrellas, que desde hace ya mucho tiempo fue domesticada por los dos grandes.

Sin dudas, tenemos una triste y aburrida liga, que brilla, precisamente, por su alarmante carencia de calidad y talento, y sobre todo, por la ausencia total de emoción, que por otro lado, es necesaria en cualquier competición que se precie como tal.

A estas alturas de la competición, ya podemos comprobar (simplemente mirando la tabla clasificatoria) como la liga que pretenden vendernos es, realmente, un paquetón de equipos "comprimidos".

Evidentemente, este aberrante desequilibrio económico y por supuesto, deportivo, provoca que el resto de clubes se vean abocados a apostar por un modelo de negocio descaradamente resultadista, lo que provoca que el fútbol español esté perdiendo en calidad a pasos agigantados.

"Yo y mis circunstancias", como diría aquel…, porque al parecer, la única forma que tienen los clubes de subsanar esta fatalidad deportiva, es, sin duda, la de apostar por un futbol más rudo y eficaz, en detrimento, claro está, del espectáculo.

El Levante es un claro ejemplo de lo comentado anteriormente. Si tuviéramos que definir al conjunto de Caparrós en una sola palabra, esa sería, sin dudas: INFUMABLE.


Desde luego, al Levante tampoco se le puede pedir más: un equipo rocoso y muy físico, que se encierra muy bien atrás y que sobrevive, más que de sus aciertos, de los errores del rival.

Podríamos decir, no sé si acertadamente, que esta forma de interpretar el futbol es pura y trasnochada eficacia resultadista, de la que se sirven algunos para justificar una filosofía de juego práctica, simple y rácana, que apuesta exclusivamente por el resultado y que, en realidad, no deja de ser teoría barata de equipo pequeño y limitado, futbolísticamente hablando, claro está.

Y ¡Ojo!, que esta idea de futbol es tan respetable como cualquier otra, porque al fin y al cabo, lo único que importa son los tres puntos y cumplir los objetivos marcados.

Desde mi punto de vista, soy de los que piensan que "jugar bien" es el camino más factible para consolidar un equipo competitivo y cumplir objetivos, o dicho de otra manera, obtener resultados "reales".

Y más aún, si cabe, cuando todos vemos que realmente sí se dispone de un elenco de jugadores que atesora calidad y personalidad al mismo tiempo.

Y este nuevo y joven Sevilla tiene calidad y personalidad; ¿Cómo si no, logramos salir del farolillo rojo y escalar hasta la posición que ocupamos hoy, en la tabla clasificatoria?

Esta vez se ha fichado muy bien. Hay materia prima, eso es obvio; lo que no hay son planteamientos reales y carácter de grupo, bajo mi modesta opinión.

Y es que hay que reconocerlo: el Levante mereció la victoria porque trabajó desde la humildad de saber reconocer sus limitaciones, pero también por la facultad de su entrenador de exprimir al máximo las posibilidades de su equipo.

Y en estas lides, Caparrós, es, sin dudas, un GRAN MOTIVADOR.

La victoria del Levante no fue fruto de la suerte, sino de un trabajo serio, práctico y eficaz, por parte de Caparrós, y un compendio de desaciertos desastrosos, por parte de Emery.

A veces, solo a veces, es recomendable analizar los resultados desde distintos puntos de vista, pero en esta ocasión, considero que el planteamiento de Emery fue NEFASTO e INFRUCTUOSO desde el inicio.

No hace mucho, Emery, pidió prudencia al sevillismo. Y al parecer, aquello iba muy en serio:

Vuelta a las andadas y, Rakitic, una vez más, mandando desde atrás, pero tan atrás, que cualquier día lo vamos a ver repartiendo juego entre los tres palos…

El primer tiempo del Sevilla fue una nulidad; el Levante desplego una línea defensiva de cinco, o seis, o no sé cuantos tíos, y nuestro equipo no elaboraba ¡Ni una sola triangulación!

Todo el futbol de ataque del Sevilla consistía en dar balonazos en largo, la mayoría de las veces, ejecutados por Rakitic, situado muy lejos del área rival, y evidentemente, sin éxito.


Un Sevilla, espeso, parsimonioso y sin profundidad en la salida de balón, ya en el minuto veinte de la primera parte, nos hacía presagiar malos augurios…

Una sensación en nada desconocida y con antecedentes, que nos ponía previo aviso de que, muy probablemente, este encuentro iba a caer en el saco roto de los "partidos tontos"; otro más de esos, en los que nuestro Sevilla del alma suele dejar escapar los tres puntos de manera inexplicable.

Hasta aquí, y visto lo visto, tengo que hacer una apreciación: no es lo mismo un "partido accidentado" que un "partido tonto".

El segundo tiempo; si tuviera que definir todo lo ocurrido en la segunda parte, en tan solo una palabra, esa sería, sin dudas: estrambótico.


Resulta decepcionante (aunque cada vez me sorprende menos) ver a tu equipo adelantarse en el marcador y, acto seguido, tener la extraña sensación de que los jugadores "desconectan" por completo del partido.

Mano de entrenador.

 
Es incomprensible, la falta de concentración y el estado de relajación en el que levitan los jugadores del Sevilla cuando se ponen por delante en el resultado.

Mano de entrenador.

 
Un hábito, una mala costumbre, la comentada anteriormente, que trae consigo consecuencias nefastas, como que te empaten casi de inmediato o incluso perder un partido en un visto y no visto.

Mano de entrenador…, y Ley del fútbol.

 
 
Hace poco, el puntazo obtenido en el Calderón me ponía como un cohete a punto de despegar; y hoy, tras sufrir el azote levantino ultra caparrosiano, empiezo a intuir, que así, difícilmente, nuestro Sevilla pueda moverse de un séptimo, octavo o noveno puesto..., de aquí hasta el final.

Porque así es imposible subirse a la parra de los puestos europeos.

En tierra de nadie, pero en fin, como se suele decir:

"Agua pasada no mueve molino…"

 
Por cierto, ¿azote levantino o emericense?

Tal vez, demasiada torpeza…

Saludos.


PD: Ahora también me podéis encontrar  en la página de FACEBOOK que acabo de crear, por si os apetece dejar vuestro comentario, sugerencia, crítica..., o cualquier tema que estiméis oportuno. En cualquier caso, todos seréis bienvenidos :)

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